FCAS: ¿El fin de la cooperación franco-alemana?
Un nuevo capítulo se abre en la crisis del futuro avión de combate europeo o FCAS, por sus siglas en inglés. Tras el estancamiento de las negociaciones, Alemania ha dejado insinuar que podría seguir el proyecto sin Francia y, no solo eso, sino que, parece, que ha empezado a buscar nuevos socios.
Nada sorprendente, dada la actitud de Francia sobre el tema.
Pero ahora que Alemania amenaza con dejarla de lado, la prensa francesa acusa a Alemania de ser la responsable, no solo del final de ese ambicioso proyecto cooperativo, sino de la cooperación franco-alemana que cumple ya 62 años. Y es que ambas cosas van de la mano.
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| Titular de la prensa francesa: «Avion de combate europeo: cuando Alemania abofetea a Francia» |
El proyecto FCAS
Recordemos brevemente que el proyecto FCAS (Sistema de Combate Aéreo del Futuro, por sus siglas en inglés, SCAF en francés) es una iniciativa conjunta de Francia y Alemania, a la que se unió España un año más tarde, destinado a desarrollar un caza de sexta generación que reemplace a los actuales aviones como el Rafale y el Eurofighter a partir de 2040- Europa es la única región desarrollada que no posee su propio avión de sexta generación, lo que la hace muy vulnerable de cara a futuras guerras. Incluye no solo un avión tripulado de última generación, sino también drones no tripulados (llamados loyal wingmen) y una red de sistemas conectados para operarlos de forma integrada. El objetivo es garantizar la soberanía tecnológica y militar europea frente a potencias como EE. UU., China o Rusia, quienes ya poseen los suyos.
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| Recreación realizada por ordenador del futuro avión de combate europeo. |
Debido al prohibitivo precio para el desarrollo de un arma así, Francia (con Dassault a la cabeza) y Alemania (con Airbus a la cabeza) acordaron el 17 de Julio de 2017 (y confirmado al año siguiente por la firma conjunta de Dassault y Airbus) trabajar juntas para desarrollar su propio avión y no depender de la tecnología de EE. UU. España se unió al proyecto en 2019 a través de Indra. En el proyecto se acordaba repartir la carga de trabajo, el desarrollo y la industrialización de forma equitativa entre los tres socios y de forma proporcional a la inversión que cada uno hiciese. De esta forma, no habría un líder global del proyecto, sino un líder distinto para cada pilar.
El proyecto se dividía en 4 fases, la 1A, 1B, 2 y 3, y cada una se subdividía en pilares de desarrollo: invisibilidad a los radares, motores, nube de combate, sensores, etc. En cada pilar trabajaban distintas empresas contratistas de los tres países socios y una de ellas era el líder del pilar o contratista principal. El sistema de gobernanza era, pues, complejo debido a que se buscaba no favorecer a ningún país en particular y ser lo más justo posible en la carga de trabajo y la toma de decisiones.
La fase 1A terminó terminó a finales de 2022 con más de un año de retraso. El desacuerdo entre Dassault (Francia) y Airbus (Alemania) provocó el retraso. No obstante, el programa siguió adelante y a finales del mismo año se lanzó la 1B.
Finalmente, los desacuerdos entre Airbus y Dassault acabaron estallando y saliendo a la luz: el 7 de julio de este año Éric Trappier, CEO de Dassault, anunciaba en la prensa que o tomaban ellos el liderazgo del proyecto o se salían de él, aduciendo que Francia poseía experiencia, conocimientos y la industria suficiente para desarrollarlo solos.
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| Extracto de la prensa francesa: Éric Trappier reclama el liderazgo francés sobre el proyecto FCAS |
Dassault pide el liderazgo del proyecto
Lo que Dassault reclamaba no solo era tomar el liderazgo del proyecto y poder tomar ellos el conjunto de las grandes decisiones (y que, por fuerza, acabarían beneficiando los intereses franceses), sino que fuesen ellos mismos los que eligiesen a las empresas contratistas, ya que, aducían que, en aras de la cooperación y repartición de trabajo, se había integrado a empresas sin los conocimientos suficientes en este tipo de proyectos. En concreto, el señor Éric Trappier aseguraba que las empresas francesas contaban con el saber-hacer y la experiencia suficientes como para tomar este rol. En resumen, lo que el CEO de Dassault reclamaba era que fuese Francia la que tomase el conjunto de las grandes decisiones y que se reemplazasen a ciertas empresas contratistas españolas y alemanas por empresas francesas.
Alemania, como era de esperar, respondió que: «Berlín no podría seguir financiando un proyecto francés con dinero alemán», dijo a Hartpunkt el diputado alemán Christoph Schmid, miembro del Partido Socialdemócrata (SPD), así como el ministro de Defensa Boris Pistorius.
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| Extracto del artículo de prensa: «Berlín no podría seguir financiando un proyecto francés con dinero alemán, dijo a Hartpunkt el diputado alemán Christoph Schmid.» |
El desacuerdo llegó a tal extremo que el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, tuvieron que reunirse a finales de julio para tratar de desbloquear la situación.
De nada sirvió. El programa sigue bloqueado y ninguna de las partes quiere ceder.
Y entonces llegó la noticia con la que abro el artículo:
El Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS) ha experimentado un fuerte aumento de la tensión en los últimos días. En los últimos días, las autoridades alemanas han lanzado numerosas amenazas de expulsar a Francia del programa...
Si bien la relación con Francia, que Berlín presenta como crucial para el avance de una Europa estancada, se ha visto afectada por la decepción, Alemania ha insinuado públicamente que podría continuar el programa con otros socios, sin Francia.
Me he quedado a cuadros cuando lo he leído. Ahora es Alemania la que amenaza y la que quiere expulsar a Francia del programa. Alucino. La memoria de la prensa francesa es corta, sobre todo porque Dassault ya había amenazado en abril con abandonar el programa Scaf si el marco no se renegociaba antes de finales de 2025, decía la prensa francesa en julio.
Hemos pasado de «me voy si no me das lo que quiero», a «¡me estás echando!».
El exceso de patriotismo francés y el nacionalismo extremo que empiezan a contaminar el conjunto de la sociedad y política francesa son los que han acabado con el programa FCAS y han puesto el primer clavo en el ataúd de la famosa cooperación franco-alemana, pilar de la Unión Europea. Este no es más que una pieza más en algo que cada vez me parece más evidente: Francia no quiere ser europea, Francia quiere que Europa sea francesa. Quiere recuperar la gloria pasada (un poco al estilo del movimiento MAGA americano) y mira con nostalgia la época napoleónica en la que eran ellos quienes dominaban Europa. Y si Francia persiste en esta actitud, al final acabará saliendo de la UE, como hizo UK hace unos años. Yo, como europeo, no quiero que llegue ese día, porque la UE es lo que ha traído a Europa la paz entre naciones tan distintas y la prosperidad con la que contamos hoy en día. Francia debe retomar la senda de la cooperación y el europeísmo, pero por ahora no parece muy decidida a hacerlo.





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