¿Por qué Donald Trump no se merece el premio Nobel de la Paz?
Hay que reconocerlo, lo ha logrado y el mérito es suyo: Donald Trump ha logrado el alto el fuego en Gaza y la liberación de los últimos rehenes; y, sin embargo, no merece el Nobel de la Paz. Pero ¿por qué no, si ha logrado lo que su predecesor, Joe Biden, no consiguió? Por muchas razones que van más allá de Gaza, pero puesto que la gran protagonista es la paz en Gaza centrémonos en Gaza.
Para empezar hay que recordar lo más obvio: Trump ha conseguido un alto el fuego y no la paz y, lo siento, pero no hay Nobel al «alto el fuego». La paz existe solo sobre el papel que firmaron Hamás e Israel ¿Cuál es la diferencia? La duración. La paz es duradera, el alto el fuego es temporal y, en muchos casos, frágil. De momento solo hay un alto el fuego como muchos otros que se firmaron antes que este. Hay que darse cuenta que a lo largo del conflicto israelo-palestino «altos el fuego» ha habido muchos, pero paz nunca. En total, desde 1993, se han firmado entre Israel y los representantes palestinos cuatro acuerdos fundamentales (los acuerdos de Oslo I en 1993, los de Oslo II en 1995, el protocolo de Hebrón en 1997 y el memorando de Wye River en 1998), así como decenas de altos el fuego o treguas importantes. A esos habría que sumar muchos más menores e imposibles de contabilizar. Así que, de momento, tan solo estamos ante un alto el fuego como el que ya hubo en enero.
El acuerdo de paz de enero de 2025
Ya casi lo habíamos olvidado, pero en enero de este año, antes de la llegada de Donald Trump al poder, ya hubo un alto el fuego auspiciado por la administración Biden.
¿Por qué no funcionó la acuerdo de paz de enero de 2025?
Pese a que Israel lo firmase, en realidad aquel acuerdo no le interesaba por una razón muy simple: el acuerdo de paz acordado bajo la administración Biden tenía como objetivo crear dos estados: uno israelí y otro palestino. La famosa solución a dos estados que Netanyahu no quiere ver ni en pintura. Pero entonces, ¿por qué lo firmó? Probablemente presionado por EE.UU. Israel es muy dependiente militarmente de EE. UU. Es, con diferencia, el principal proveedor de armas a Israel, tanto históricamente como desde los ataques del 7 de octubre de 2023. Entre 2020 y 2024 Israel importó del país americano aproximadamente dos tercios del total de sus importaciones militares, incluidos aviones, vehículos blindados y bombas guiadas. De modo que, si Biden amenazó con cortarle el flujo de armas si no firmaba, Netanyahu no le quedó más remedio que firmar. Pero en cuanto Trump llegó al poder y dejó claro que no solo no dejaría de enviar armas, sino que aumentaría las exportaciones hacia Israel, Netanyahu ya no vio interés en aquel acuerdo de paz y rompió la tregua.
¿Por qué Trump no presionó a Netanyahu para que mantuviese el alto el fuego? Porque Trump tan solo busca una cosa: glorificar su figura y aparecer como el gran salvador del mundo. Si en febrero el acurdo de paz se hubiese ratificado, entonces el gran valedor de la paz no habría sido él, sino Biden. Y eso, en la mente de Trump, es inaceptable. Es mejor que mueran 18.000 palestinos más a que Biden sea considerado como el gran artífice de la paz en Palestina. Todo un angelito este Trump.
Además de lo dicho, el acuerdo de paz de Trump presenta notables diferencias con el de Biden, y la mayoría benefician los intereses de Israel en detrimento de los de Palestina. Veamos las diferencias y parecidos:
Similitudes
Ambos planes/acuerdos compartieron los siguientes puntos como prioridad inicial e inmediata:
Alto el Fuego y Liberación de Rehenes: Ambos buscan un cese inmediato de los combates y la liberación de todos los rehenes retenidos en Gaza a cambio de la liberación de prisioneros palestinos.
Ayuda Humanitaria: Ambos contemplan la entrada inmediata y masiva de ayuda humanitaria a Gaza.
Desmovilización de Hamás: Ambos insisten en que Hamás debe ser desarmado y no debe gobernar Gaza en el futuro.
Diferencias Clave (Especialmente en la Visión a Largo Plazo)
La principal diferencia radica en el marco político final y el reconocimiento del Estado palestino:
Así pues, el nuevo acuerdo de paz elimina la tesis de los dos estados y simplemente se deja de hablar del estatus de Palestina. En realidad parece tener como objetivo convertir Gaza en una especie de Cisjordania: desmilitarizada y sometida a la voluntad de Israel, para que luego Israel pueda colonizarla poco a poco y, a término, expulsar a los palestinos. Tal y como está ocurriendo en Cisjordania bajo la bendición de Trump.
Y es que no hay que olvidar una cosa: cuando Trump habla de reconstruir Gaza, ¿para quién lo hará? ¿para los gazatís o para los futuros colonos israelís? Ya en febrero de este año Trump quería expulsar a los palestinos de Gaza y tomar el control de la franja y en abril, Trump seguía insistiendo en en expulsarlos y controlar Gaza:
El desarme de Hamás
Sí Hamás será desarmado, si todo el mundo cumple con lo pactado. De todas formas, después de dos años de guerra y con Irán derrotado, Hamás ya no tiene ni la fuerza ni la munición para continuar la lucha. Si los acuerdos de enero se hubiesen ratificado, el grupo terrorista habría sido desarmado en aquel momento. Pero desde entonces, Israel se ha dedicado a financiar a otros grupos armados palestinos para contrarrestar el poder de Hamás. Sí, sí. Israel se dedica a financiar grupos armados palestinos a los que luego puede tener que hacer frente. No solo es una estrategia arriesgada, sino que en los acuerdos de paz firmados con Trump no se menciona a estos grupos armados, ya que, sin duda, Israel cuenta apoyarse en ellos para forzar el establecimiento de la paz en Gaza.
En cualquier caso, la estrategia de financiar a grupos armados locales para contrarrestar a otros es bien conocida por EE. UU., quien lleva haciéndolo décadas. El grupo armado más conocido al que el país norteamericano financió es Al-Qaeda y todos sabemos como acabó. Se dice incluso que Israel financió la propia Hamás para contrarrestar el poder de la OLP en los años 80 y 90, pero parece que tal afirmación no es cierta. Sin embargo, Israel sí habría, no sólo permitido al movimiento islámico establecer instituciones, sino que también dieron luz verde a que otras facciones nacionales establecieran instituciones de todo tipo: clubes, asociaciones, sindicatos y oficinas de prensa. El objetivo de tal estrategia era, obviamente contrarrestar el poder de la OLP y minarlo. A cambio, fortaleció a un nuevo y naciente grupo armado, Hamás.
Desarmar a unos para armar a otros, no ayudará a traer la paz, tan solo pondrá la guerra en suspenso, a la espera de una nueva oportunidad para reanudarla. Así el investigador del Instituto Truman de la Universidad Hebrea, Ronni Shaked dijo a la BBC: «el Estado judío todavía piensa que alcanzará la estabilidad eliminando a Hamás y otorgándoles a los palestinos oportunidades laborales y beneficios económicos. Eso no es cierto... dijo. Si se elimina a Hamás, surgirán nuevos movimientos de resistencia nacional después».
Los acuerdos de Abraham
Por último no hay que olvidar los acuerdos de Abraham de 2020 orquestados por Donald Trump durante su primer mandato. El tratado normalizaba las relaciones entre los Emiratos Árabes Unidos (EAU) e Israel, ambos aliados de EE.UU. y enemigos de Irán. De esta forma, EE. UU. aumentaba la presión sobre Irán y se aseguraba la paz entre dos de sus mayores aliados en la región. Así los EAU son el tercer país árabe, después de Egipto en 1979 y Jordania en 1994, en firmar un acuerdo de paz con Israel, así como el primer país del Golfo Pérsico en hacerlo.
| Ceremonia de la firma de los Acuerdos de Abraham en la Casa Blanca, el 15 de septiembre de 2020 |
Sin embargo, desde la firma de los Acuerdos de Abraham, hace cinco años, ningún otro país árabe se ha unido a ellos, aunque Trump ha impulsado acuerdos con Arabia Saudita, Líbano y Siria. Los crecientes conflictos en Oriente Medio parecen haber hecho que otros Gobiernos regionales se muestren reacios a firmar acuerdos similares, a pesar de la rotunda confianza de la Casa Blanca en que los acuerdos se ampliarían con la combinación adecuada de incentivos y presión.
Pero no solo eso, sino que esos acuerdos, que son, junto a la actual «paz» en Gaza, la joya de la corona de la Casa Blanca, han suscitado el reame de los países de la región y han permitido a Israel ampliar su esfera de influencia, así como aprovechar su superioridad militar. A cambio, los países árabes han tratado de adquirir la tecnología y los conocimientos militares israelíes desarrollados durante varias décadas de violencia colonial en Palestina. Esto ha alimentado la militarización en la región, aumentando al mismo tiempo la probabilidad de conflicto e inestabilidad en este espacio.
Estos acuerdos materializan la convergencia de los intereses de Israel con los de las autocracias árabes, ya que ambas partes habían cooperado previamente de forma discreta dentro del «bloque contrarrevolucionario».
Conclusión
Sí, Trump ha logrado un alto el fuego y tal vez la paz, pero lo ha hecho sobre una montaña de cadáveres, sentenciando el destino de los palestinos, debilitando a los enemigos de Israel y rearmando la región.
¿Es esto una paz duradera? No, no lo es, mientras se siga financiando la militarización de la región y no se solucionen las causas que han llevado al conflicto.
¿Ganan algo los palestinos, los civiles que sufren desde hace dos años, con este acuerdo? Tan solo un respiro. Lo que está por venir será una agonía más lenta, pero igual de terrible.
Así que merece Trump el nobel por este acuerdo. No, no lo merece.
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